Desde la llegada a nuestras vidas de las tecnologías digitales, se han miultiplicado los métodos para aprender idiomas de forma rápida y autónoma. Uno de ellos, por ejemplo, es el ANKI, una aplicación que un sistema de repetición espaciada y que hace que su algoritmo solo nos muestre lo que nos falta por aprender, en lugar de lo que ya hemos aprendido. O la herramienta Memrise, que utiliza tarjetas gráficas y reglas mnemotécnicas.

Por supuesto existe la formación reglada, académica. Mucho más precisa, más solvente, pero más lenta porque se detiene mucho más en las reglas, porque se preocupa mucho más de la corrección. Y también existen métodos desarrollados de manera ingeniosa por quienes han decidido aprender un idioma por su cuenta.