La supervivencia de muchas ciudades del planeta está comprometida por su relación con el entorno geológico. Yakarta y Teherán son los casos más dramáticos. Se ha detectado que algunos barrios de estas dos grandes urbes se hunden cerca de veinticinco centímetros cada año. Dos metros cada ocho años.

Hay otros casos, como el de Ciudad de México, en el que la sobreexplotación de acuíferos formados en terrenos arcillosos ha hecho que algunas zonas del centro hayan caído más de diez metros en solo un siglo.

Una posible solución está en lo que se ha dado en llamar arquitectura viva, en cómo los edificios deben relacionarse con su entorno natural.