El cambio climático supone un problema de sobrecalentamiento en el interior de los edificios, con especial incidencia en las regiones actualmente más cálidas como el sur de España. Se estima que las temperaturas interiores de una vivienda, sin aire acondicionado, en verano podrían aumentar unos 3.5 ºC respecto a las actuales.

Este aumento de la temperatura no sólo supondrá una subida de los consumos energéticos asociados al mayor uso de los sistemas de refrigeración, sino que afectará a las condiciones de confort y salud, y supondrá un aumento del riesgo de pobreza energética que afectará al grupo de población social y económicamente más desfavorecido.