Una de las propiedades características del radio es que es luminiscente, y por eso se decidió usarlo industrialmente para pintar esferas de relojes de pulsera que podían verse en la oscuridad, y que se popularizaron durante la Primera Guerra Mundial. Fueron chicas jóvenes, dispuestas a percibir un salario bajo, quienes aceptaron principalmente el trabajo de aplicar la pintura que incorporaba radio. Utilizaban para ello pinceles que además pasaban entre sus labios para afinar el conjunto de cerdas y así obtener mayor precisión en los trazos.

Como consecuencia, estuvieron años absorbiendo por vía oral pequeñas cantidades de una materia radioactiva que, de otra manera, habrían sido probablemente inocuas. Muchas de ellas resultaron gravemente intoxicadas.