Las células epiteliales, que son aquellas que recubren las superficies de muchos órganos, adoptan una forma geométrica que no estaba descrita hasta ahora, el escutoide, para que los tejidos puedan curvarse, permitiendo así que los órganos puedan adquirir formas muy complejas pero que a la vez sean estables.

Se trata de una forma geométrica sólida, como un cubo o una pirámide, y se podría decir que se parecen a unos ‘prismas retorcidos’. Entenderlos puede ayudar a la creación de tejidos y órganos artificiales en laboratorio.