Ante una conversación cara a cara, que se caracteriza entre otras cosas por ver los movimientos faciales de los interlocutores, el cerebro tiende a prestar más atención al lenguaje que si la cara estuviera estática.

Sin embargo, lo curioso es que ese efecto no ocurre siempre. Únicamente cuando el lenguaje es sencillo y no requiere gran esfuerzo comprenderlo, ver la cara en movimiento del interlocutor aumenta la atención de la persona que escucha, de manera similar a como lo hacen, por ejemplo, las emociones.