Ya en 1492, en la primera Gramática Castellana, Antonio de Nebrija dejó escrito que debíamos escribir como pronunciamos y pronunciar como escribimos. Han pasado más de cinco siglos, y estamos inmersos en una nueva era lingüística. Escribimos más que nunca y leemos más que nunca, en las pantallas de los teléfonos inteligentes. Los estudiosos de la lengua que apuestan por la escritura directamente ligada con la fonética proponen de nuevo adaptar la ortografía.