Los actuales relojes atómicos, basados en el Cesio, atrasan o adelantan solo un segundo cada 300 millones de años, lo que es bastante razonable para no llegar tarde a una cita. Aún así, no es suficiente para la comunidad científica, que ya trabaja con relojes ópticos de estroncio que dejarían el margen de error en 1 segundo arriba o abajo cada 15.000 millones de años.