La exploración del universo ha ido en paralelo de la investigación de las profundidades del océano.

Al mismo tiempo que la nave Ranger VII se estrellaba en la luna después de transmitir más de 4000 fotografías a la tierra, en Bermuda se sumergía, a 58 metros de profundidad, Sealab, un laboratorio submarino cuya misión era probar la viabilidad de que el cuerpo humano pueda sobrevivir durante largos periodos de tiempo en condiciones de saturación: respirando a la presión ambiental durante el tiempo suficiente para que la concentración de los componentes inertes de los gases que participan en la respiración, y que están presentes en todos los tejidos del cuerpo, alcancen el equilibrio.


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