Roncamos porque nos colocamos en determinada postura para dormir, o porque hemos ingerido alcohol que relaja los músculos de la garganta, por acumulación de grasa, o porque la tensión muscular en el cuello y en la espalda nos colocado la mandíbula en una posición que favorece el ronquido.

Roncamos por muchas causas diferentes, pero hay que estar muy atentos a una de ella: la apnea obstructiva del sueño, que impide el flujo de oxígeno durante más de diez segundos, por una obstrucción de las vías respiratorias. Se calcula que afecta a una de cada 25 personas, y llega a complicar mucho la salud de personas que tienen alguna otra dolencia.